¿De qué se trata la vida?

Quizá la vida tenga menos que ver con lo que conseguimos y mucho más con lo que dejamos en los demás.

A veces nos detenemos a pensar si estamos viviendo la vida que queríamos. Miramos lo que hemos conseguido, lo que nos falta y todo aquello que todavía esperamos alcanzar. Pero quizá, con el paso del tiempo, empezamos a descubrir que hay preguntas mucho más importantes: qué hemos dado, qué hemos compartido y qué huella estamos dejando en quienes caminan a nuestro lado.



Quizá la vida tenga menos que ver con lo que conseguimos y mucho más con lo que dejamos en los demás.

A veces nos pasamos media vida intentando medirnos con cosas que, con el tiempo, descubrimos que no eran tan importantes. Y entonces empezamos a hacernos otras preguntas.

A veces nos pasamos media vida intentando medirnos con cosas que, con el tiempo, descubrimos que no eran tan importantes.

Cuántas personas tenemos cerca, cuánto nos quieren, cuánto hemos conseguido, qué piensan de nosotros.

Si hemos cumplido nuestros planes o si nuestra vida se parece a aquella que imaginábamos cuando éramos más jóvenes.

Y quizá la vida no vaya de eso.

Quizá tampoco importe tanto cuántas veces hemos acertado, cuántas veces hemos fracasado o cuántos sueños conseguimos convertir en realidad.

Porque hay cosas que no aparecen en ninguna lista y, sin embargo, terminan siendo las que de verdad cuentan.

La manera en que tratamos a las personas, las veces que tendimos una mano cuando alguien lo necesitaba.

Las palabras que dijimos cuando alguien estaba pasando por un mal momento,  los abrazos que dimos.

Y también aquellos que no dimos por orgullo, por miedo o simplemente porque pensamos que habría otro momento.

La vida tiene mucho que ver con lo que hacemos sentir a quienes caminan a nuestro lado.

Con la confianza que somos capaces de cuidar,  con la lealtad que mantenemos cuando nadie nos está mirando.

Con saber alegrarnos sinceramente por la felicidad de alguien sin compararla con la nuestra, con pedir perdón cuando nos equivocamos.

Y con aprender a perdonar cuando somos nosotros quienes hemos sido heridos.

También tiene que ver con nuestras palabras, porque una palabra puede ser una caricia o una herida.

Podemos utilizarla para acercarnos o para hacer daño. Para contar una verdad que ayude o para alimentar un rumor que termine destruyendo algo.

Y quizá deberíamos pensar un poco más antes de hablar.

No porque tengamos que caminar por la vida midiendo cada palabra, sino porque nunca sabemos cuánto puede pesar aquello que para nosotros fue simplemente una frase.

Todos dejamos huella, a veces ni siquiera somos conscientes de ello.

Podemos hacer que alguien se sienta importante o hacerle creer que no vale nada.

Podemos convertir un día difícil en un día un poco más llevadero o añadirle todavía más peso.

Podemos ser refugio o podemos ser tormenta, y nadie está libre de equivocarse.

Yo tampoco.

Todos hemos dicho cosas que después hubiéramos querido callar. Todos hemos juzgado demasiado deprisa, hemos sido injustos alguna vez o hemos dado la espalda cuando quizá alguien necesitaba que nos quedáramos.

Lo importante, quizá, sea darnos cuenta, porque mientras estamos aquí siempre podemos elegir de nuevo.

Elegir cuidar, elegir escuchar, elegir no hacer daño, elegir acercarnos, elegir querer un poco mejor.

Al final, cuando pase el tiempo, probablemente nadie recuerde muchas de las cosas que compramos, los lugares a los que fuimos o incluso algunos de nuestros grandes logros.

Pero quizá alguien recuerde que un día estuvimos ahí, que le escuchamos, que le hicimos reír cuando más lo necesitaba.

Que confiamos en él cuando ni siquiera él confiaba en sí mismo, que no le dejamos solo.

Y entonces quizá entendamos de qué se trata realmente la vida, no de cuánto conseguimos acumular.

Sino de cuánto amor fuimos capaces de dar, de cuánto bien dejamos a nuestro paso.

Y de cómo hicimos sentir a las personas que tuvieron la suerte —o nosotros la suerte— de encontrarse con nosotros en el camino.

Porque al final, la vida también es eso: la huella que dejamos en el corazón de los demás.

Gracias por detenerte un momento. Ojalá estas palabras hayan encontrado un lugar en tu corazón.

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