
Pequeños refugios para seguir floreciendo.
Hay momentos en los que una enfermedad deja de ocupar solo una parte de nuestra vida y empieza a invadirlo todo. Los pensamientos, el descanso, los planes que dejamos pendientes… hasta esos pequeños espacios en los que antes conseguíamos olvidarnos del mundo. Y entonces, casi sin buscarlo, descubrimos que necesitamos encontrar algo que nos devuelva, aunque sea por un rato, a nosotros mismos.
A veces, la enfermedad no solo duele, también ocupa espacio.
Se va llevando tus planes y se instala en tu cabeza, en tus pensamientos, en cada noche en la que no consigues dormir por los trastornos del sueño REM, en esas mañanas en las que amaneces agotada, con dolor de cabeza y la sensación de no haber descansado nada.
Poco a poco, se va metiendo en tu casa, en tus rutinas, en tus conversaciones… hasta que parece que todo empieza a girar alrededor de ella.
Yo necesitaba encontrar algo que me sacara de ahí, aunque solo fuera durante un rato. Decidí retomar mi antiguo blog, Mis Reflexiones y Sentimientos, sin imaginar que aquella decisión acabaría llevándome a crear una nueva web Reflexiones entre Rosas Azules.
Y, sin darme cuenta, me encontré haciendo algo que no sabía cuánto necesitaba: abrir una ventana a un nuevo horizonte. Un lugar donde mi cabeza pudiera desconectar, donde las horas tuvieran otro sentido y donde pudiera alejarme, aunque fuera por un tiempo, de la sombra que la enfermedad iba proyectando sobre mí.
No curó nada. No borró el dolor ni hizo desaparecer la fatiga.
Pero me recordó que todavía podía crear. Que todavía había una parte de mí que no pertenecía a la enfermedad.
Y eso, cuando sientes que has perdido tantas cosas, tiene un valor inmenso.
Lo más importante es que, mientras creaba la web, conseguía olvidarme de mis síntomas durante un rato. Mientras buscaba ideas, daba forma a las páginas o pensaba en cómo compartir mis reflexiones, mi cabeza dejaba de repasar, una y otra vez, las consultas médicas, las preocupaciones y todo aquello que la enfermedad trae consigo.
Durante esos momentos, conseguía desconectar. Y cuando convives con una enfermedad neurodegenerativa, encontrar esos pequeños espacios de descanso mental también importa.
No se trata de negar lo que nos pasa ni de fingir que todo está bien. Se trata de encontrar algo que nos permita respirar, recuperar un poquito de ilusión y recordar que seguimos siendo mucho más que nuestra enfermedad.
En mi caso, ha sido volver a escribir, recuperar mi blog y crear una nueva web. Algo que comenzó como una manera de desconectar de mis síntomas ha terminado convirtiéndose en un espacio propio, un lugar donde vuelvo a sentir que puedo hacer cosas, que todavía tengo ideas, sentimientos y mucho que compartir.
Y quizá ahí esté lo más bonito de todo: que algo que me ayuda a mí también pueda llegar a otras personas.
Porque, si algo he aprendido durante tantos años intentando ayudar a los demás, es que no siempre podemos cambiar lo que alguien está viviendo, pero a veces podemos hacer que se sienta un poquito menos solo.
Tal vez alguien que lea estas palabras esté pasando por algo parecido. Tal vez también sienta que su enfermedad va ocupando cada vez más espacio en su vida y necesite encontrar una pequeña ventana por la que mirar más allá de ella.
Si estas reflexiones consiguen que alguien se sienta comprendido, que encuentre un momento de calma o que se anime a recuperar algo que le hacía bien, todo este esfuerzo habrá merecido la pena.
Porque yo también necesito esos pequeños refugios. Y porque, incluso cuando la enfermedad nos obliga a cambiar de rumbo, todavía podemos encontrar nuevas maneras de seguir siendo nosotros mismos y de aportar algo a los demás.
A veces, no podemos elegir lo que nos toca vivir, pero sí podemos intentar encontrar algo que nos ayude a transitarlo. Y, si en ese camino conseguimos tender la mano a alguien, aunque sea a través de unas palabras, quizá ese pequeño espacio que construimos para nosotros termine convirtiéndose también en un refugio para otros.
