Un camino hacia ti mismo.

Porque cuidarte también es aprender a volver a ti.

A veces estamos tan pendientes de todo lo que sucede a nuestro alrededor que dejamos de escuchar lo que ocurre dentro de nosotros. Seguimos adelante, resolvemos, ayudamos, cumplimos, damos… hasta que un día descubrimos que llevamos demasiado tiempo sin detenernos. Quizá volver a nosotros no requiera grandes cambios, sino aprender a aceptar, avanzar sin prisa, poner límites, dejar espacio para respirar y recordar que también necesitamos cuidarnos.


A veces pasamos tanto tiempo cuidando de todo lo que nos rodea que terminamos olvidándonos de la persona que también necesita nuestros cuidados: nosotros mismos.

Cuidamos a quienes queremos, cumplimos con nuestras obligaciones, intentamos llegar a todo, resolver problemas, estar disponibles, seguir adelante aunque estemos cansados…

Y un día descubrimos que llevamos demasiado tiempo sin preguntarnos algo tan sencillo como:

¿Cómo estoy yo?

Quizá por eso me resultó tan curiosa esta manera de unir siete conceptos japoneses diferentes. Cada uno habla de algo distinto, pero juntos parecen dibujar un pequeño camino hacia nosotros mismos.

Un camino que no consiste en cambiar nuestra vida de un día para otro, sino en aprender a mirarnos con un poco más de paciencia.

Shōganai — Aceptar

Hay cosas que sucedieron y ya no podemos cambiar.

Palabras que dijimos, decisiones que tomamos, personas que se fueron, caminos que no elegimos, situaciones que escaparon de nuestras manos.

Podemos pasar mucho tiempo preguntándonos qué habría ocurrido si hubiéramos hecho las cosas de otra manera.

Pero el pasado no necesita que lo sigamos castigando una y otra vez.

Aceptar no significa que nos guste lo que ocurrió.

Significa comprender que nuestra energía puede ser más útil en el presente que intentando cambiar algo que ya no está en nuestras manos.

A veces cuidarnos empieza por dejar de luchar contra lo que ya no puede ser diferente.

Kaizen — Avanzar poco a poco

No siempre tenemos que saber cómo llegar hasta el final.

A veces solo necesitamos saber cuál es el siguiente paso.

Queremos resolverlo todo de una vez, recuperar el tiempo perdido, cambiar aquello que no nos gusta, arreglar nuestra vida entera…

Y nos abrumamos antes de empezar.

Pero mejorar también puede ser algo pequeño.

Un paso hoy.

Otro mañana.

Un hábito que cambiamos.

Una decisión que nos hace bien.

Una conversación que llevábamos tiempo posponiendo.

No tienes que subir toda la escalera de una vez.

Solo necesitas dar el siguiente paso.

Wabi-sabi — Hacer las paces con la imperfección

Quizá una de las cosas que más nos cansan sea intentar ser aquello que creemos que deberíamos ser.

Más fuertes.

Más seguros.

Más pacientes.

Más exitosos.

Más perfectos.

Pero la vida no está hecha de personas terminadas.

Estamos aprendiendo mientras vivimos.

Nos equivocamos, cambiamos de opinión, tenemos días malos, nos caemos y volvemos a levantarnos.

Nuestra imperfección no borra nuestro valor.

Un error puede ser simplemente un momento de nuestra historia.

No una sentencia sobre quiénes somos.

Shinrin-yoku — Volver a la naturaleza

Hay momentos en los que nuestra cabeza hace demasiado ruido.

Pensamos demasiado.

Anticipamos demasiado.

Le damos vueltas a conversaciones, problemas y preocupaciones que parecen ocuparlo todo.

Y quizá entonces necesitemos salir.

Caminar entre árboles.

Mirar el cielo.

Escuchar la lluvia.

Sentir el aire en la cara.

Observar cómo cambia la luz.

La naturaleza no nos pide que resolvamos nada.

Simplemente está ahí.

Y a veces, al recordar que el mundo es mucho más grande que nuestros pensamientos, algo dentro de nosotros también empieza a hacerse un poco más pequeño.

Enryō — Aprender a decir basta

Hay personas que saben cuidar de todos menos de sí mismas.

Dicen que sí cuando quieren decir que no.

Ayudan aunque estén agotadas.

Escuchan aunque necesiten ser escuchadas.

Dan y dan hasta que un día descubren que ya no les queda nada para ellas.

Pero decir “no puedo”, “no quiero” o “ahora necesito parar” no nos convierte en malas personas.

Tenemos derecho a poner límites.

Tenemos derecho a proteger nuestro tiempo, nuestra energía y nuestra tranquilidad.

Cuidarnos también significa entender que no podemos estar siempre disponibles para todo el mundo.

Yutori — Dejar espacio para respirar

Quizá hemos llenado tanto nuestra vida que ya no queda espacio para nosotros.

Agenda llena.

Cabeza llena.

Casa llena.

Días llenos.

Y cuando aparece un pequeño hueco, inmediatamente buscamos con qué llenarlo.

Pero también necesitamos espacios que no tengan ninguna obligación.

Una tarde sin planes.

Un paseo sin destino.

Una conversación tranquila.

Un rato de silencio.

Un momento para simplemente estar.

No todo espacio vacío necesita ser ocupado.

A veces necesitamos un poco de margen para volver a escucharnos.

Chōshin — Cuidar el cuerpo que sostiene nuestra mente

Y quizá al final olvidamos algo tan básico como esto:

tenemos un cuerpo que también necesita que lo cuidemos.

Dormir.

Comer bien.

Descansar.

Respirar.

Moverse.

Parar cuando estamos agotados.

No podemos exigirle a nuestra mente que esté en calma mientras ignoramos constantemente las necesidades del cuerpo que la sostiene.

A veces no necesitamos otra respuesta.

Necesitamos dormir.

Comer algo.

Salir a caminar.

Descansar.

Y mañana, quizá, podremos pensar con un poco más de claridad.

Un camino que empieza por nosotros

Siete palabras.

Siete maneras diferentes de recordarnos algo que quizá sabemos, pero que muchas veces olvidamos.

Aceptar lo que no podemos cambiar.

Avanzar sin exigirnos hacerlo todo de golpe.

Aceptar que somos imperfectos.

Alejarnos del ruido.

Aprender a poner límites.

Dejar espacios para respirar.

Y cuidar el cuerpo que nos acompaña cada día.

No son fórmulas mágicas.

No van a hacer desaparecer los problemas.

Pero quizá puedan ayudarnos a caminar de otra manera cuando la vida pesa.

Porque cuidarnos no debería ser algo que hacemos solamente cuando ya no podemos más.

Cuidarnos también es una forma de querernos.

Y quizá este camino no consista en convertirnos en otra persona.

Quizá consista simplemente en volver, poco a poco, a nosotros mismos.

Y al final queda una pregunta:

¿Cuánto tiempo llevas cuidando de todo y de todos sin detenerte a preguntarte cómo estás tú?


Gracias por detenerte un momento. Ojalá estas palabras hayan encontrado un lugar en tu corazón.

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