Lo hermoso de lo que no permanece

A veces, lo que hace más hermoso un momento es saber que no durará para siempre.

Hace poco descubrí por casualidad una expresión japonesa: Mono no aware. Dos palabras que hablan de algo que todos hemos sentido alguna vez: la belleza y la melancolía de saber que nada permanece para siempre.

Mono no aware. Me llamó la atención desde el primer momento, quizá porque encierra en unas pocas palabras algo que todos hemos sentido alguna vez..

Y pensé que quizá no siempre deberíamos mirar lo que termina con tristeza. Quizá algunas cosas son precisamente tan especiales porque sabemos que no podremos quedarnos para siempre en ellas.

Hay cosas que llegan a nuestra vida sin avisar.

Una tarde que termina demasiado pronto.

Una conversación que no sabíamos que sería la última.

Un abrazo que todavía recordamos años después.

Una persona que estuvo un tiempo a nuestro lado y que, de alguna manera, sigue viviendo en nosotros.

Quizá por eso nos cuesta tanto aceptar que nada permanece exactamente igual.

Nos gustaría detener algunos momentos. Guardarlos intactos, como quien guarda una fotografía dentro de un cajón para que el tiempo no pueda tocarla.

Pero el tiempo siempre encuentra la manera.

Las flores se marchitan.

Los niños crecen.

Las casas cambian.

Las personas toman caminos diferentes.

Y nosotros mismos dejamos de ser quienes éramos.

Durante mucho tiempo pensé que eso era triste.

Hasta que comprendí que quizá la belleza de algunas cosas está precisamente ahí: en que no pueden quedarse para siempre.

Un amanecer no necesita durar todo el día para ser hermoso.

Una canción no pierde su valor porque termine.

Una flor no deja de ser bella porque sabemos que sus pétalos caerán.

Y un momento feliz no vale menos porque algún día se convierta en recuerdo.

Quizá el error está en creer que para conservar algo tenemos que impedir que cambie.

A veces conservar significa simplemente haberlo vivido.

Haber estado allí.

Haber reído.

Haber amado.

Haber sentido que, durante un instante, la vida nos regaló algo que no sabíamos cuánto necesitábamos.

Eso es, en cierta manera, lo que expresa el mono no aware: esa sensibilidad ante lo pasajero, esa mezcla delicada de belleza y melancolía que aparece cuando comprendemos que nada está hecho para permanecer eternamente.

Y quizá no tengamos que luchar contra ello.

Quizá podamos aprender a mirar un poco más despacio.

A disfrutar de la taza de café mientras está caliente.

A escuchar con atención a quien tenemos delante.

A abrazar un poco más fuerte.

A mirar el cielo cuando cambia de color.

A decir «te quiero» antes de que pensemos que habrá otra oportunidad.

Porque saber que algo terminará no debería impedirnos disfrutarlo.

Tal vez debería enseñarnos a estar más presentes mientras sucede.

Reflexión Final: 

Hay cosas que no podemos conservar, pero sí podemos guardar en el lugar donde el tiempo no consigue borrarlas: en nuestra memoria, en nuestro corazón y en aquello que dejaron en nosotros.

Quizá la vida no nos pide que hagamos eterno cada momento.

Quizá solamente nos pide que sepamos reconocerlo mientras está ocurriendo.

Porque algunas de las cosas más hermosas que nos regala la vida lo son precisamente por una razón sencilla: no duran para siempre.

Y tal vez sea eso lo que hace que aprendamos a mirarlas de verdad.


Gracias por detenerte un momento. Ojalá estas palabras hayan encontrado un lugar en tu corazón.

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