Cuidar de los demás también fue una forma de querer.
Di mi tiempo, mis ganas, mis manos y muchas veces también mis propias fuerzas. Estuve ahí cuando alguien necesitaba ayuda, acompañé, enseñé, escuché y procuré que todo aquello que hacía estuviera bien hecho.
Siempre fui de las que prefieren dedicar un poco más de tiempo antes que entregar algo a medias. De las que creen que, cuando haces algo, debes hacerlo con el corazón y poniendo en ello lo mejor de ti.
Y quizá, sin darme cuenta, fui dejando algo importante para después: a mí misma.
Durante mucho tiempo no me pregunté demasiado qué necesitaba yo. Había cosas que hacer, personas a las que ayudar, responsabilidades que atender… y siempre parecía haber alguien que necesitaba un poco más de mí.
Hasta que un día la vida me obligó a detenerme.
Y entonces descubrí algo que quizá debería haber aprendido mucho antes: que también tenemos que aprender a cuidarnos, a escucharnos y a reservar un lugar para nosotros mismos.
Ahora mi vida es diferente.
Hay cosas que antes hacía sin pensar y que hoy requieren esfuerzo. Hay días en los que salir de casa no resulta sencillo y otros en los que simplemente necesito aceptar mis propios límites.
Y sí, algunas veces me pregunto por qué tuvo que ser así.
No tengo una respuesta.
Pero tampoco quiero que aquello que me ha tocado vivir sea el final de mi historia.Quizá esta nueva
etapa no consista en volver a ser quien era, sino en aprender a mirar la vida de otra manera.
Durante mucho tiempo abrí puertas para los demás, tendí mis manos, acompañé caminos y procuré que nadie se sintiera solo.
Ahora quiero aprender a hacer algo que durante años dejé en segundo plano: abrir una ventana para mí.
Una ventana hacia un horizonte diferente. Sin prisas, sin exigirme ser la de antes y sin sentir que tengo que demostrar nada.
Quizá cuidar de mí también sea una forma de querer.
Y quizá todavía haya mucho por descubrir al otro lado de esa ventana.
Por eso sigo escribiendo.
Por eso sigo creando.
Por eso estoy construyendo este nuevo lugar, entre palabras y rosas azules.
Porque necesito recordar que todavía existen horizontes que mirar.
Quizá no pueda elegir todo lo que sucede en mi vida, pero sí puedo elegir qué hago con aquello que me queda por vivir.
Y hoy quiero elegir algo que durante demasiado tiempo dejé en segundo plano: quiero cuidarme.
Quiero permitirme descansar sin sentir que estoy perdiendo el tiempo.
Quiero disfrutar de las pequeñas cosas sin pensar en todo lo que todavía debería hacer.
Quiero dejar de exigirme tanto.
Quiero aceptar que no todo tiene que ser perfecto para ser valioso.
Y, sobre todo, quiero abrir una ventana.
Una ventana hacia un nuevo amanecer.
No sé qué habrá al otro lado. No sé cuánta luz entrará ni cuánto tardará en llegar.
Pero quiero abrirla.
Porque después de tantos años dando luz a otros, ahora también necesito un poco de luz para mí.
Y si algún día alguien llega hasta estas palabras sintiéndose perdido, cansado o encerrado en su propia noche, quisiera que encontrara aquí un pequeño resquicio de esperanza.
Que recuerde que una vida puede cambiar sin que por ello tenga que terminar.
Que siempre puede quedar una ventana por abrir.
Quizá no podamos cambiar aquello que nos ha tocado vivir.
Pero todavía podemos decidir hacia dónde mirar cuando llegue el nuevo amanecer.
Y yo, después de todo lo vivido, quiero mirar hacia el horizonte.
Quiero abrir esa ventana.
Y esta vez… voy estar yo también al otro lado.
Para pensar...
A veces la vida nos obliga a detenernos justo cuando pensábamos que no podíamos hacerlo.
Y quizá, en esa pausa que tanto nos cuesta aceptar, descubrimos que también nosotros necesitamos el mismo cariño, la misma paciencia y la misma comprensión que tantas veces hemos ofrecido a los demás.
No siempre podemos elegir lo que nos sucede, pero sí podemos intentar decidir qué hacemos con aquello que nos ha tocado vivir.
Yo todavía estoy aprendiendo.
Aprendiendo a no exigirme tanto, a aceptar mis límites, a cuidar de mí sin sentir que estoy dejando de cuidar a los demás.
Y sobre todo, aprendiendo a mirar hacia delante.
Porque quizá la ventana que ahora quiero abrir no me lleve a la vida que tenía antes, pero puede llevarme a una vida nueva.
Una vida diferente, sí.
Pero también llena de pequeños horizontes que todavía no conozco.
Gracias por detenerte un momento.
Ojalá estas palabras hayan encontrado un lugar en tu corazón.
Comentarios
Publicar un comentario